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Office de tourisme Perpignan

Perpiñán La Catalana, Villa de Arte e Historia

Su identidad

Perpiñán la Catalana o “Fidelísima Villa de Perpiñán”: así se presenta oficialmente nuestra ciudad. Estas denominaciones se refieren a nuestra historia, nuestra identidad, nuestro patrimonio, pero también expresan una realidad geográfica y cultural que enriquece y singulariza nuestra ciudad. La Catalana porque Perpiñán, capital de la Cataluña francesa, desde el siglo X hasta mediados del XVII, con algunas interrupciones, fue un elemento de un principado catalán más tarde atado al reino de Aragón. Perpiñán es, sin duda, una de las cunas de la cultura catalana, romana y mediterránea, original por su lengua, sus tradiciones, sus expresiones artísticas y el arraigo de sus valores. En cuanto al título de “Fidelísima”, éste le fue concedido en 1474 por el rey de Aragón y Conde de Barcelona, Juan II, para conmemorar la resistencia de los perpiñaneses a la anexión del Rosellón por parte de Luís XI. Desde entonces el título se incluye en el escudo de armas de nuestra ciudad.

Su situación geográfica

Perpiñán tiene muchas caras. “Gran pequeña ciudad” o “pequeña gran ciudad”, es el centro de una antigua provincia, el Rosellón, organizada alrededor de un llano agrícola. Se encuentra en medio de un entorno privilegiado: por un lado, el litoral mediterráneo de roca y playa, por otro, los circos de montañas, entre los cuales destaca el imponente macizo del Canigó (una de las cimas más altas de los Pirineos franceses). En el país de la Tramontana, que aclara el cielo azul con una luz que inspiré el “fauvismo”, Perpiñán se beneficia de las influencias mediterráneas con 2.500 horas de sol al año. Perpiñán es la Prefectura más meridional de la Francia continental. Aunque es esencialmente mediterránea, representa “otro sur”, diferente del mundo provenzal, del país del Lenguadoc o de la Costa Azul. Perpiñán es la capital de un departamento, los Pirineos Orientales, que marca su identidad geográfica y cultural naturalmente orientada hacia la Cataluña española: una ciudad puente entre Barcelona y las ciudades del Lenguadoc Rosellón.

Su historia

Perpiñán fue durante mucho tiempo una plaza fuerte; pese a ello, es una ciudad fronteriza, un lugar de pasaje y cruce entre pueblos. Situada sobre la vía que unía el estrecho de Gibraltar con la península italiana, convertida en la “Via Domitia” romana el trazado de la cual se perpetúa hoy con la autopista A9. ¡Fue escenario de invasiones, guerras, desde el paso de Aníbal, los episodios con los Vándalos, los Visigodos, los Árabes y luego los Francos, las rivalidades franco-catalanas, las guerras de sucesión en España, las guerras napoleónicas, hasta la segunda guerra mundial! Pero también fue tierra de refugio; por tanto, reúne desde hace siglos a poblaciones con culturas diferentes: catalanes roselloneses o de origen español, gitanos sedentarizados, refugiados originarios de toda Europa, pieds noirs desde 1962, población inmigrante portuguesa, magrebí o de otros países.

Por otro lado, Perpiñán es, desde la Edad Media, heredera de la organización, las instituciones, la cultura y los valores urbanos de la antigüedad romana, retomadas por el principado catalán. Antigua ciudad romana de Ruscino, sede del Condado de Rosellón, se encuentra entre las primeras villas de Europa que reciben, en 1197, una Carta de Libertades Comunales del rey de Aragón y Conde de Barcelona Pedro I. Ésta todavía es visible en los monumentos cívicos y civiles de la ciudad: Lonja de los Mercaderes, Ayuntamiento, Palacio de la Diputación, Palacio de las Cortes. Se perpetúa así en las numerosas tradiciones que celebran los valores de la comunidad: fiestas, reuniones, danza fraternal de la sardana “colla”... Por fin Perpiñán se convierte en la capital continental del Reino de Mallorca entre 1276 y 1344, el reino más pequeño del Mediterráneo pero también el más bello. Este período de apogeo es el origen de los elementos mayores de su rico patrimonio.

Sus múltiples riquezas

Perpiñán vive su época dorada con el “Reino de Mallorca”, de 1276 a 1344, período durante el cual la ciudad fue la capital continental de un estado mediterráneo y en parte insular. La villa real se cubre entonces de una arquitectura y una decoración góticas, de colegiales; su prosperidad comercial se exporta a toda la cuenca del Mediterráneo. Capital cosmopolita, Perpiñán recibe entonces artistas y se convierte en cuna literaria de grandes trovadores como Pons d’Ortaffa, la etapa de viajeros filósofos como Ramón Llull, el hogar de una escuela filosófica y religiosa judía importante. Esta brillante visión es alimentada por los monumentos del Campo Santo (claustro – cementerio), el complejo de la catedral, el Ayuntamiento, las iglesias, la catedral y, claro está, el Palacio de los Reyes de Mallorca. Para Perpiñán se trata de un período clave que fundamenta el orgullo y la independencia de la ciudad. Es también entonces cuando aparecen algunos de los elementos más importantes de la trama urbana. En efecto, una de las características de Perpiñán y, sobre todo, de su antiguo centro, es la persistencia de esta trama urbana histórica y sus estratificaciones por lo que no existe un gran programa urbano posterior. En Perpiñán quizá no hay grandes conjuntos prestigiosos, grandes mansiones, ni ninguna “gran calle” espectacular, pero sí encontramos “callejuelas fósiles rodeadas por estilosas residenciad” (P. Boulat) que han tenido la suerte de subsistir, y se trata de un patrimonio más regular, más orgulloso y significativo.

Conviene añadir que después de su incorporación al territorio francés mediante el Tratado de los Pirineos (1659), Perpiñán vio reforzados su rol de plaza fuerte y su vocación militar. Fue así como, después de la Revolución, la mayoría de los monumentos públicos y sobre todo las propiedades religiosas, fueron anexionadas por el ejército, lo cual garantizó más o menos su integridad pero también aisló estos lugares de la vida y el desarrollo de la ciudad: los espacios y vías públicas se desviaron de éstos. Los conjuntos más significativos, y a menudo los emplazamientos más estratégicos para el urbanismo, perdieron así su lugar dentro del patrimonio de Perpiñán. Estos conjuntos no volvieron a formar parte del patrimonio público hasta los años 80. Fue entonces cuando se abrieron perspectivas totalmente nuevas para la revaloración de nuestro patrimonio.

Una cultura original en la expresión auténtica pero desconocida, una identidad rica y compleja, influencias múltiples, una larga tradición urbana, un pasado prestigioso pero muy legendario, grandes monumentos por redescubrir dentro de un patrimonio importante pero difuso...